Translate

Seguidores

domingo, 12 de septiembre de 2021

Camino portugués. 7ª etapa. Playa de las Américas - Vigo 24km


 El recorrido del camino portugués por la costa regala imágenes de gran belleza, tanto en las mañanas luminosas frente al mar como en los atardeceres del Occidente de la península cuando el sol cae con una ligera aceleración sobre la línea del horizonte, pero a cambio de eso nos priva de una visita más espiritual o cultural al carecer de núcleos antiguos de población, de templos o de edificios emblemáticos. su lugar lo ocupa en la costa española la arquitectura y los negocios vinculados al turismo, nueva religión a cuyo llamado acuden los fines de semana una buena cantidad de visitantes para disfrutar de las playas y del sol.

Esta ausencia de monumentalidad en la costa, con la excepción del monasterio de Santa María de Oía, es un reflejo el poco interés que las costas tuvieron hasta bien entrado el siglo XX. Hasta ese momento la costa significaba peligro de ataques piratas, de invasiones, de temporales, por lo que la población prefería asentarse en el interior.

Hoy desayunamos en nuestro hotel con varios integrantes de los equipos de petanca que están disputando en esta localidad el campeonato de España de la modalidad. Por su aspecto físico y sus movimientos no parece que se requiera una forma física especial para jugar a este deporte a alto nivel, pero al poco de salir del hotel vemos el lugar donde se celebra el campeonato y eso hombres con aspecto poco atlético y andares cansinos se transforman en el terreno de la competición y van haciendo tiros de gran precisión uno tras otro, utilizando técnicas especiales de tiro, lo que a nuestros ojos los transforma en expertos deportistas. V. Dice que le recuerdan aquellos señores gordos y poco agraciados que iban a los bailes populares en Costa Rica, pero que cuando comenzaba a sonar la música se transformaban en grandes bailarines con los que todas las muchachas querían salir a la pista.


Seguimos nuestro camino junto al mar en otra jornada soleada dejando a nuestra izquierda todo el tiempo la imagen de las islas Cíes. Estas islas deshabitadas a poca distancia de la costa son uno de los parques naturales más hemosos de esta zona sur de Galicia, al que solo se puede acceder en números limitados de turistas por día. Seguimos nuestro caminar alternando playas y carreteras sin ver en todo el camino una sola iglesia donde entrar en un domingo por la mañana para buscar un poco de recogimiento para seguir el camino. Todo son chalets y urbanizaciones turísticas desde los que se puede acceder fácilmente a las playas.


Nos acercamos a Vigo, la ciudad más poblada de Galicia por pequeñas playas de arena blanca y de agua transparente hasta llegar a la altura de la pequeña isla de Toralla, distante a poco más de cien metros  de la costa a la que está unida por un feo puente. Desde lejos resalta un edificio de veinte pisos de más de setenta metros de alto, que choca con la armonía del paisaje y que afea esta isla en la que se ve también un grupo de casas bajas de buena calidad. Averiguamos que se trata de una isla de propiedad privada donde en los años 70 se desarrolló esta urbanización y desde entonces ha sido contestada por diversas asociaciones de la región por privatizar parte de la costa y por haber construido ese fe edificio en uno de sus extremos. 


También a nuestro paso por Viana de Castelo vimos un caso similar, un feo edificio alto blanco que se ve desde el puente Eiffel y que rompe el conjunto urbanístico de la ciudad de Viana. Al acercarnos a la ciudad y pasar por delante del edificio vimos que no estaba habitado y que un cartel anunciaba su inminente demolición después de veinte años de litigios con los propietarios. Cuando se tire abajo el edificio se levantará allí un mercado municipal. Tal vez ocurra esto pronto en Vigo, pues leo que hay movimiento contrarios a esta edificación. De momento los propietarios han optado por el apaciguamiento y han donado parte del edificio a la Universidad de Vigo…
Lo que sí es cierto es que si los años 70 fueron buenos para la música, fueron sin embargo nefastos para el urbanismo.


Prueba de ello es este otro horrible edificio que vimos ayer al llegar a la pequeña villa marinera de Baiona.

Así, tras las playas tomamos un sendero natural que sigue el curso Del Río Lagares y entramos a Vigo junto al estadio de fútbol y atravesamos la ciudad hasta llegar a nuestro hotel desde el que saldremos para conocer el casco viejo. Ésta es una de las ventajas del camino a pie. Habíamos atravesado Vigo varias veces en coche con la impresión de pasar por una fea ciudad industrial. Hoy a pie hemos visto los bonitos alrededores de la ciudad y las facilidades para hacer deporte y luego seguro que encontramos un lugar desde donde ver la puesta del sol tomando un vino gallego.



sábado, 11 de septiembre de 2021

Camino portugués. 6ª etapa. Viladesuso - Playa de las Américas. 20 km


 Después de unos días de marchas exigentes, hoy hacemos una etapa de apenas 20 kilómetros alternando playas, montaña y carreteras. Como el día es soleado salimos temprano para evitar el calor y aprovechar la mañana con una temperatura agradable.

Tras unos kilómetros junto al mar y pasar el cabo Silleiro iniciamos un fuerte ascenso por el monte por un camino empedrado, que se dice fue en su tiempo una calzada Romana que unía Tuy y Vigo. Desde allí bajamos hacia Baiona, una ciudad marinera adonde llegó el 15 de marzo de 1493 una de las carabelas de Colón, “la pinta” comandada por Alonso Pinzón. Efectivamente a su vuelta del primer viaje a América las dos naves de la expedición se separaron en las Azores y la de Pinzón llegó a España unos días antes que Colón. Hay que imaginar la sorpresa de los habitantes de este pueblo marinero de Galicia a la llegada de una nave que decía venir de las indias contando todo tipo de aventuras.

Además de los recuerdos de esta nave y de la arribada de Pinzón a Baiona, tiene esta localidad un templo dedicado a Santa Liberata, mujer romana, nacida en este pueblo, que murió mártir y virgen  a manos del gobernador romano, que resultó ser su padre. La santa nació de un parto múltiple de nueve niñas, que fueron dadas por la madre en adopción por temor que el padre, el gobernador romano pudiera pensar que no eran hijas suyas. Tras muchas vicisitudes las niñas se convirtieron al cristianismo, y el padre sin saber que eran sus hijas las condenó a muerte y a Liberata, famosa por su belleza, la quieren casar. Ella, para mantener su virginidad pide convertirse en repulsiva de modo que no la deseen los hombres. En cualquier caso, Liberata fue crucificada y hoy se la representa como una santa barbuda, tal vez por ese deseo de repeler a los hombres.



Junto a la iglesia de Santa Liberata se encuentra la colegiata de Santa María, una de las más interesantes del recorrido, comenzada en el siglo XII en estilo románico y con terminaciones góticas. aquí seguramente recibiría el concejo de Baiona a Pinzón a su llegada y se escucharían los primeros relatos fantásticos de las Américas, que por aquel entonces todavía eran las indias.

Baiona es una bonita ciudad turística, con un cuidado casco histórico que da sobre el puerto deportivo. En toda esta zona proliferan los bares y terrazas, que permiten desarrollar una de las actividades favoritas de los españoles un sábado al mediodía salir a tomar el aperitivo. Aquí bajo el sol de septiembre y con buena parte de nuestra jornada de caminantes cumplida nos tomamos un excelente aperitivo atendidos por un cordial camarero que hace más grato el momento.

Seguimos los últimos kilómetros por la carretera, sin gran interés hasta que llegamos al puente románico de la Ramallosa. Dicen que fue originalmente un puente romano que prolongaba la calzada desde Tui y que fue destruído por el general musulmán Almanzor cuando regresaba de su incursión a Santiago donde había robado las campanas de la catedral (Hay que señalar que almanzor recorrió España de sur a norte para llegar a Santiago, pero no como peregrino sino para castigar a los cristianos del norte y hacerles la afrenta de llevarse las campanas de la catedral De Santiago). Hoy tenemos en este lugar un puente románico de diez arcos con un bordillo bajo que va haciendo diagonales y que conforma el paso de peatones junto al puente de la carretera nacional.




Tras atravesar el puente seguimos un corto camino junto a la costa hasta llegar a la playa de las Américas, (recuerdo de la llegada de Pinzón a Baiona, seguramente) donde encontramos nuestro alojamiento. Nos sorprende que esté muy concurrido en este final de verano, pero nos explican que ello se debe a que están alojados en el hotel los equipos que participan en el campeonato nacional de petanca!!!. Quién nos iba a decir que encontraríamos una compañía tan atlética en nuestro hotel.
 Y como la tarde es soleada y hemos llegado con tiempo, nos damos un baño en el Atlántico para relajar el cuerpo tras esta etapa en la que hemos llegado ya a la mitad de nuestro recorrido.





Camino portugués. 5ª Etapa. Caminha - Viladesuso. 23,5 km

 


Varados en la playa al llegar a España.

Caminha es un pequeño pueblo portugués junto a la desembocadura Del Río Miño. Tiene una zona turística junto a las playas que se extienden a sur del río y un casco histórico que estuvo rodeado por una muralla de la que hoy sólo queda el recuerdo de la torre del reloj en la plaza donde se encuentra la iglesia de la misericordia y los principales edificios en piedra del pueblo, que le dan un aire apacible y grato.

Para llegar a España hay que atravesar el río, lo que se hace normalmente en un ferry  que une las ciudades de Caminha y Portosancos. Pero hoy la marea está muy baja y el barco solo funciona a partir de las tres de la tarde, por lo que tenemos que buscar otra manera de llegar a España. A lo largo del camino hemos visto que se anunciaba una compañía de botes para peregrinos que hacen la travesía. Llamamos a uno de ellos y rápidamente nos viene a buscar la encargada y nos lleva a su embarcadero donde nos pregunta a qué lugar queremos ir. Pronto vemos que no es un transporte regular. Cobra la tarifa sin dar recibo alguno y nos embarca en una nave con motor fuera de borda que en menos de cinco minutos nos lleva a la otra orilla. Allí, frente a una playa vacía, va buscando un lugar donde depositarnos. El aspecto del marinero que nos va a llevar nos infundió algunas sospechas al verlo, pues venía con unos pantalones mojados hasta la cintura, señal de que hacía poco había estado en el mar con esa prenda. Al llegar a la playa tuvo que buscar un lugar para desembarcar y nos temimos que tendríamos que seguir su misma suerte y mojarnos antes de llegar a tierra, con el inconveniente que eso implica para el camino posterior.

Afortunadamente encontró la forma de aproar su barca y dejarnos cerca de la arena, adonde saltamos con alivio. Desde allí, nos dijo se debíamos seguir por la orilla de la playa hasta encontrar un sendero que nos llevará a La Guardia. Quedamos en la arena de la playa con la sensación de unos náufragos o más bien, de unos prófugos de la justicia que atraviesan la frontera clandestinamente y se encuentran en otro país sin ningún trámite de ingreso.

Hoy el paso de fronteras en Europa es sencillo, pero estamos acostumbrados a hacerlo en avión, en tren o en coche, nunca de esta manera sigilosa llegando a un lugar abandonado a primera hora de la mañana.

Una vez orientados en la playa comenzamos el camino por tierras gallegas bajo un cielo azul sobre el que destaca el verdor del monte santa Tecla que vigila la pequeña península de la Guardia. Tras una hora de caminata junto al mar rodeamos la península y llegamos a la primera localidad española de nuestro recorrido, La Guardia, protegida del mar por una pequeña bahía y de Portugal tras el monte de Santa Tecla. Es un pueblo abigarrado, lleno de vida y con una arquitectura desigual, que para ser benévolos podríamos calificar como ecléctica. 

Aquí se aprecian ya diferencias con Portugal, pueblos en España más compactos, más apiñados alrededor del centro y de la iglesia. La naturaleza algo más seca, con una vegetación ligeramente menos abundante y más vida en las calles y en las carreteras.

Avanzamos por la costa un buen tramo junto a un mar que hoy luce azul intenso y que refleja el sol que nos acompañará en toda la etapa. Es un día distinto a los anteriores. El sol, la luz del día resplandecen y al mismo tiempo hacen más fatigosa la marcha.


La etapa alterna tramos por caminos junto al mar, donde el ruido de las olas acompaña el paseo y otros junto a la carretera, en los que se ha preparado un espacio para peregrinos que permite caminar con cierta seguridad a pesar de la incomodidad del tráfico. Esta franja de carretera ha sido pintada de color amarillo, lo que bajo el intenso sol del mediodía da un reflejo que hace que las rectas parezcan interminables.
Así llegamos al final des esta primera jornada en Galicia, donde disfrutamos de una larga puesta de sol tomando una cerveza en uno de los pocos lugares abiertos en este final del verano.





viernes, 10 de septiembre de 2021

Camino De Santiago portugués. Epílogo portugués. 10 de septiembre

 



Hoy salimos de Portugal por Caminha, en la desembocadura del rio  Miño, después de recorrer 110 km desde Oporto hasta este lugar que hace frontera con España. En la desembocadura del río se alza el fuerte de Insua sobre la isla del mismo nombre, equidistante entre España y Portugal, pero que pertenece a éste país y que fue construído en 1649 en la época de la separación de Portugal de la corona de España como baluarte defensivo en tiempos de desconfianza y de agravios. Hoy, los dos países somos miembros de la Unión Europea, compartimos el espacio Schengen que nos permite el cruce de fronteras sin ningún trámite y tenemos unos intereses comunes en el seno de la Unión que han permitido a lo largo de todos estos años construir una relación de confianza basada en intereses comunes, lo que hace del fuerte de Insua solamente una reliquia del pasado.

Hemos conocido a pie un país hermoso, de paisajes espectaculares entre el mar y la montaña. Hemos recorrido ciudades y pueblos, múltiples caseríos, apreciando que a pesar de la cercanía, cada país ha organizado el territorio a su manera, y hemos visto una voluntad de mantener la armonía de la edificación a pesar de la dispersión de las casas a lo largo de esta gran área metropolitana cercana a Oporto.

Viana do Castelo es una ciudad señorial, de una belleza contenida en la cadrícula de sus calles y en las líneas rectas de sus edificios, que ya prefiguraban esa arquitectura de Álvaro Siza que veremos luego en muchas de las edificaciones modernas. Junto a la ciudad, tiene Viana una ecovía que corre a lo largo de la costa entre campos de maíz pequeños bosques de eucalipto y un mar rocoso que entrega a la costa esas algas que llaman sargazos y que se recolectan en los campos cercanos.

Las iglesias y catedrales del camino, aunque deben en muchos casos su origen a las donaciones de los nobles peregrinos que volvían de Santiago, tienen pocas referencias al camino de Santiago, pues el camino cayó en el olvido a partir del siglo XVIII cuando el barroco portugués está en su esplendor y por eso los templos tienen en su interior siempre un retablo barroco con profusión de dorados que son señal de que al menos esta parte de Portugal no ha sufrido directamente el flagelo de las guerras o de los saqueos de monumentos religiosos. 

Hemos visto cómo desembocan los ríos en el océano, viniendo en muchos casos de España, desde el Duero majestuoso que sigue su curso desde Oporto hasta llegar al Atlántico, el Ave, más modesto en Vila do Conde, donde hubo astilleros y hoy hay una réplica de una de las carabelas que hicieron famosos a lo navegantes portugueses. El Cávado en Esposende, que forma un paseo fluvial entre residencias turísticas y bosque de gran elegancia, el Lima que pasa bajo el puente Eiffel en Viana y que alimenta su puerto y sus centros de deporte náutico. Y finalmente el Miño, caprichoso con sus mareas que dificultan la labor de los ferries que unen España y Portugal y que hace esa frontera antiguamente belicosa y hoy pacífica separando a dos países cercanos.


Salimos de Portugal con mejores conocimientos, con el recuerdo del magnífico bacalao que preparó Baptiste en su restaurante de Caminha y con la idea de Fernando Pessoa, que estaba escrita en la cabecera de nuestra habitación en el último hotel en el que nos alojamos en Caminha.

“Hay un momento en el que hay que abandonar la ropa usada, que ya tiene la forma de nuestro cuerpo, de olvidar los caminos conocidos que nos llevan siempre a los mismo lugares. Es el tiempo de la travesía….”

jueves, 9 de septiembre de 2021

Camino portugués 4ª etapa. Viana do Castelo - Caminha 28 km

 


Viana do Castelo es una ciudad señorial, con una plaza de la república que acoge palacios y dependencias públicas y unas calles rectilÍneas entre edificios de piedra. La impresión de orden y de bienestar que transmiten las poblaciones del norte dePortugal por donde hemos pasado se multiplican en Viana, cabeza de esta región cercana a la raya con España que se enriqueció con el comercio ultramarino y que mantiene un gran patrimonio histórico. Hay dos cosas que me llaman la atención en Viana. En primer lugar, a  pesar de lo armonioso de su trazado urbano, cuando se llega desde el sur se ve una hermosa  postal de la ciudad sobre el río, afeada por alto edificio de los años 70 que rompe la estética de la ciudad. Pues bien, este adefesio que golpea a la vista desde la distancia está a punto de desaparecer y hay ya un proyecto para hacer  en su lugar un mercado tradicional corrigiendo el error.

Por otro lado, en una de las calles bordeadas por palacios del centro de la ciudad señalan que se trata de un edificio de estilo manuelino de resistencia. Entiendo que manuelino se refiere a la arquitectura de los tiempos del rey don Manuel, aquel que a comienzos del siglo XVI peregrinó a Santiago y ordenó edificar iglesias a su retorno. Pues bien este estilo se circunscribe básicamente al periodo de su reinado, pero estos edificios son de fines del siglo XVII, y lo llaman manuelino de resistencia, porque se trata de reivindicar un estilo nacional en el momento en el que la corona portuguesa se separa de la española hacia 1648. En ese momento, los portugueses reivindican el manuelino como un estilo propio y lo retoman más de un siglo después de su muerte. A eso llaman resistencia.

La verdad es que entre España y Portugal siempre ha habido suspicacias propias de países vecinos, pero en nuestro peregrinar por estas tierras no encontramos sino simpatía y amabilidad de parte de los portugueses.


Además de la arquitectura tradicional, encontramos en Viana una impresionante biblioteca municipal en un edificio diseñado por Álvaro Siza, quien mantiene su influencia en una gran cantidad de edificaciones de líneas rectas que forman parte del paisaje potugués.


Dejando atrás el edificio de Siza decidimos tomar el camino que va por la costa en lugar del camino central que nos hubiera llevado por la montaña, más o menos como la etapa anterior.

Por la costa salimos de Viana y caminamos por una ecovía que nos permite disfrutar del mar y de las fortificaciones que se alzan en el recorrido adentrándose en el mar para proteger en tiempos remotos a estas poblaciones.


El paisaje mezcla el gris del cielo con el verdor de los bosques que se acercan a la costa. Caminamos en soledad prácticamente todo el tiempo y disfrutamos de unos paisajes que nos alegran la marcha. Al cabo de unas horas comienza la lluvia y se levanta un viento del mar que nos hace volver a ponernos las capas de lluvia y avanzamos con dificultad por la orilla del mar. Lo que hace unos minutos era bucólico y placentero se convierte en un camino lleno de dificultades.



Caminamos apresurados por pasarelas de madera y con deseos de llegar a Caminha, el último pueblo de Portugal, ya en la frontera que hace el río Miño con España. En una actividad en la que se deben pasa más de ocho horas al día a la intemperie, siempre se dan episodios de lluvia, tramos bordeando una carretera, o entradas a ciudades que dificultan la marcha y rompen la armonía de la caminata. Hoy la etapa ha sido larga, más de 28 km y a pesar de la belleza de los paisajes, la lluvia, la necesidad de poner y quitar ropa de lluvia, y los kilómetros finales de caminata junto a una carretera muy transitada, hacen que cojamos con gusto el hotel en nuestra última etapa en Portugal.

Después, una ducha, un vino de oporto y el magnífico bacalao de casa Baptiste  hacen que nos reconciliemos con este día de clima incierto que nos ha traído hasta la frontera.



miércoles, 8 de septiembre de 2021

Camino portugués. 3ª etapa. Esposende - Viana do Castelo

 


Amanece un día lluvioso en Esposende y debemos comenzar la caminata con ropa de lluvia. El viento que viene del mar hace más penosos los primeros kilómetros hasta que la ruta comienza a alejarse de la costa y nos lleva por el interior.

La lluvia, el día gris y la topografía más montañosa cambian totalmente las sensaciones de días anteriores. Hemos dejado atrás los lugares turísticos y al mismo tiempo hemos abandonado el verano, con un clima que anticipa el otoño.

Los pueblos del norte de Portugal se extienden por las laderas de las colinas sin solución de continuidad, pasando de un pueblo al otro sin poder percibir el cambio. Son comunidades compuestas por viviendas unifamiliares a lo largo del camino sin un centro urbano más densamente poblado. A pesar de ser viviendas construidas en épocas muy distintas, mantienen todas ellas un cierto orden urbanístico y una buena calidad de construcción. Todo indica que esta región del norte de Portugal goza de un alto nivel de vida que debe tener otras fuentes distintas de la agricultura, pues apenas se ven campos de cultivo entre tantas casas con jardín o huerto propio.

De Esposende pasamos a marinas donde ha una bonita iglesia, que se comenzó a construir en el siglo XI y ha ido añadiendo elementos hasta el siglo XX. en su interior hay un bonito altar barroco de estilo portugués, con profusión de dorados, pero la iglesia como los pueblos de esta zona están vacíos, apenas se ve gente por las calles. Solo una mujer mayor vigila la iglesia y la plaza del pueblo desde su ventana, recordándonos que el interés por la vida de los otros no comenzó con las cámaras de vigilancia, sino que es una característica muy humana para compensar las horas de soledad.





Seguimos el camino por bosques de eucaliptos, castaños y robles, donde se mezclan las especies autóctonas con el eucalipto traído de Australia y que se ha adaptado tan bien a estas tierras, que es considerado una plaga pues al parecer absorben mucha agua y dejan exhaustos los suelos. A pesar de todo, el eucalipto deja un olor a frescor que acompaña al caminante. El sendero baja por la montaña hasta llegar al río que se debe cruzar por un puente de piedra sin barandilla, lo que pone alguna emoción al paseo.

Dessde aquí se sigue un recorrido por pueblos por rutas que suben y bajan y que tienen una perfecta señalización de la dirección a Santiago. Al estar ya en el camino del interior encontramos a más peregrinos de diversas nacionalidades, lo que nos indica que éste es el camino más transitado en Portugal y que nos vamos acercando a Galicia.

Llegamos a Viana do Castelo por el puente Eiffel, obra del arquitecto francés que vivió dos años en el norte de Portugal mientras se construía este puente de Viana y el más famoso puente de Oporto, entre 1875 y 1877. Cuentan que Eiffel se encariñó con una joven portuguesa entrada en carnes, y que cuando fue a inaugurar el puente, la joven adelaida quiso probar su resistencia en persona, pasando de una lado al otro del puente. Cuando concluyó su paseo le dijo a Eiffel, si el puente pudo con Adelaida puede con todo.
Si no es cierta la anécdota, sí que lo es la belleza y la resistencia del puente, que tiene un nivel para el ferrocarril y otro superior para el paso de coches y de peatones. Por él llegamos a Viana la ciudad más importante en el camino del norte con una historia enraizada con la vecina Galicia.





martes, 7 de septiembre de 2021

Camino portugués. 2ª Etapa. Vila do Conde Esposende. 26 km.

 



Si la primera jornada de esta peregrinación discurrió principalmente junto al mar, la de hoy ha sido más variada, como es en general la vida, y nos ha llevado desde la iglesia matriz de Vila do Conde por una zona urbana que conecta esta localidad con la turística Póvoa de Varzim. estamos todavía en la zona metropolitana de Oporto, que es la región más poblada de Portugal y la de mayor nivel de vida, lo que se aprecia en las construcciones ordenadas, la proliferación de empresas y de comercios y de coches de alta gama qu recorren las carreteras secundarias de esta región.

Antes de salir visitamos la iglesia de Vila do Conde, mandada construir por el rey don Manuel a su regreso de Santiago adonde había ido como peregrino. Hay que recordar que en aquellos tiempos el camino debía ser siempre de ida y vuelta, por lo que lo importante no era solamente conseguir el objetivo de llegar a ver el sepulcro del santo, sino volver por el mismo camino con mejores intenciones para comenzar una nueva vida tras la peregrinación. Así don Manuel en 1504 quiso renovar la fe cristiana de sus súbditos y ordenó la construcción de esta iglesia de estilo gótico tardío y de rasgos renacentistas, que en Portugal, en honor a este rey se llama estilo manuelino.

Cerca de esta iglesia, en el centro del pueblo encontramos la capilla de San Roque que fue construida a fines del siglo XVI, esta vez a petición del pueblo de Vila para rogar a este santo que librara a los ciudadanos de la peste, que unos años antes había asolado la villa matando a más de un cuarto de la población. Este es un triste recuerdo en tiempo del Covid, cuando peregrinamos con mascarilla, debemos enseñar nuestro certificado de vacunación antes de entrar a ningún edificio público y cuando por prevención, al cruzarnos con otras personas por los caminos el saludo se reduce a una inclinación de cabeza para no tener que decir las palabras del saludo tradicional “buen camino” por miedo a un contagio al exhalar el aliento.

Después de visitar estos templos comenzamos el recorrido por calles y carreteras secundarias hasta llegar a Póvoa de Varzim, balneario turístico del norte de Portugal que cuenta con una larga y ancha playa dotada de buenos servicios de hostelería y de todo tipo de comodidades para el baño, aunque hoy el día no invitaba a ir a la playa

De Póvoa seguimos por las pasarelas de madera que nos llevan junto al océano disfrutando ahora de la soledad del camino y del viento salado que nos empuja hacia adelante. Pasados unos kilómetros el camino nos lleva hacia el interior y encontramos una sucesión de centros deportivos en cada pequeño pueblo por el que pasamos, campos de fútbol de césped artificial cuidadosamente mantenidos, piscinas, vías ciclistas, se ve que en el norte de Portugal hay una gran afición al deporte y que las dotaciones de servicios municipales es generosa.

Junto a los caminos pasamos por zonas urbanas de chalets de una sola planta que alternan una construcción tradicional con tejados a cuatro aguas, adecuados para una región muy lluviosa, junto con modernas construcciones donde la línea recta se transforma rápidamente en formas cúbicas que se repiten allí donde hay viviendas de edificación reciente. Pareciera que la arquitectura de Álvaro Siza, el arquitecto contemporáneo más importante de Portugal y nacido en esta región hubiera tenido tanto éxito que los arquitectos actuales se ven atrapados por la sencillez y austeridad de las líneas rectas del maestro Siza. se diría que los portugueses del norte han dejado el barroco en el interior de las iglesias donde las formas curvas y doradas embellecen los templos y han pasado en este siglo a un minimalismo estético que se repite sin cesar.

Dejamos los pueblos y caminamos finalmente junto a campos de maíz y pequeños pinares que traen silencio y recogimiento a la caminata. Es aquí donde podemos encontrar el espíritu de la peregrinación, libres de distracciones y con los primeros signos de cansancio recordamos el propósito de nuestro esfuerzo 

Paramos a almorzar en un restaurante de pueblo donde nos atiende un simpático camarero portugués. Después de bromear un poco sobre nuestro viaje, le dejo como propina un billete de 10 Yuanes con la imagen de Mao. Se echa a reír y me dice que no quiere saber nada de comunistas ni de chinos. Resulta que sigue la política exterior portuguesa y tiene una gran prevención sobre la influencia china. Además nos dice que tampoco le gustan los comunistas, que él es camarero pero no comulga con esas ideas que según él nos llevan a la ruina. Es un hombre joven y simpático y me hace recordar que la ideología no siempre coincide con la clase social, o que  este hombre también tiene un claro concepto de las clases sociales, como dice un afamado director de cine, pero en este caso al revés.

Llegamos finalmente a Esposende caminando junto al río Cavado en un atardecer apacible y hermoso hasta llegar casi a su desembocadura, donde nos espera el hotel y el descanso.