El recorrido del camino portugués por la costa regala imágenes de gran belleza, tanto en las mañanas luminosas frente al mar como en los atardeceres del Occidente de la península cuando el sol cae con una ligera aceleración sobre la línea del horizonte, pero a cambio de eso nos priva de una visita más espiritual o cultural al carecer de núcleos antiguos de población, de templos o de edificios emblemáticos. su lugar lo ocupa en la costa española la arquitectura y los negocios vinculados al turismo, nueva religión a cuyo llamado acuden los fines de semana una buena cantidad de visitantes para disfrutar de las playas y del sol.
domingo, 12 de septiembre de 2021
Camino portugués. 7ª etapa. Playa de las Américas - Vigo 24km
El recorrido del camino portugués por la costa regala imágenes de gran belleza, tanto en las mañanas luminosas frente al mar como en los atardeceres del Occidente de la península cuando el sol cae con una ligera aceleración sobre la línea del horizonte, pero a cambio de eso nos priva de una visita más espiritual o cultural al carecer de núcleos antiguos de población, de templos o de edificios emblemáticos. su lugar lo ocupa en la costa española la arquitectura y los negocios vinculados al turismo, nueva religión a cuyo llamado acuden los fines de semana una buena cantidad de visitantes para disfrutar de las playas y del sol.
sábado, 11 de septiembre de 2021
Camino portugués. 6ª etapa. Viladesuso - Playa de las Américas. 20 km
Después de unos días de marchas exigentes, hoy hacemos una etapa de apenas 20 kilómetros alternando playas, montaña y carreteras. Como el día es soleado salimos temprano para evitar el calor y aprovechar la mañana con una temperatura agradable.
Tras unos kilómetros junto al mar y pasar el cabo Silleiro iniciamos un fuerte ascenso por el monte por un camino empedrado, que se dice fue en su tiempo una calzada Romana que unía Tuy y Vigo. Desde allí bajamos hacia Baiona, una ciudad marinera adonde llegó el 15 de marzo de 1493 una de las carabelas de Colón, “la pinta” comandada por Alonso Pinzón. Efectivamente a su vuelta del primer viaje a América las dos naves de la expedición se separaron en las Azores y la de Pinzón llegó a España unos días antes que Colón. Hay que imaginar la sorpresa de los habitantes de este pueblo marinero de Galicia a la llegada de una nave que decía venir de las indias contando todo tipo de aventuras.
Además de los recuerdos de esta nave y de la arribada de Pinzón a Baiona, tiene esta localidad un templo dedicado a Santa Liberata, mujer romana, nacida en este pueblo, que murió mártir y virgen a manos del gobernador romano, que resultó ser su padre. La santa nació de un parto múltiple de nueve niñas, que fueron dadas por la madre en adopción por temor que el padre, el gobernador romano pudiera pensar que no eran hijas suyas. Tras muchas vicisitudes las niñas se convirtieron al cristianismo, y el padre sin saber que eran sus hijas las condenó a muerte y a Liberata, famosa por su belleza, la quieren casar. Ella, para mantener su virginidad pide convertirse en repulsiva de modo que no la deseen los hombres. En cualquier caso, Liberata fue crucificada y hoy se la representa como una santa barbuda, tal vez por ese deseo de repeler a los hombres.
Junto a la iglesia de Santa Liberata se encuentra la colegiata de Santa María, una de las más interesantes del recorrido, comenzada en el siglo XII en estilo románico y con terminaciones góticas. aquí seguramente recibiría el concejo de Baiona a Pinzón a su llegada y se escucharían los primeros relatos fantásticos de las Américas, que por aquel entonces todavía eran las indias.
Baiona es una bonita ciudad turística, con un cuidado casco histórico que da sobre el puerto deportivo. En toda esta zona proliferan los bares y terrazas, que permiten desarrollar una de las actividades favoritas de los españoles un sábado al mediodía salir a tomar el aperitivo. Aquí bajo el sol de septiembre y con buena parte de nuestra jornada de caminantes cumplida nos tomamos un excelente aperitivo atendidos por un cordial camarero que hace más grato el momento.
Seguimos los últimos kilómetros por la carretera, sin gran interés hasta que llegamos al puente románico de la Ramallosa. Dicen que fue originalmente un puente romano que prolongaba la calzada desde Tui y que fue destruído por el general musulmán Almanzor cuando regresaba de su incursión a Santiago donde había robado las campanas de la catedral (Hay que señalar que almanzor recorrió España de sur a norte para llegar a Santiago, pero no como peregrino sino para castigar a los cristianos del norte y hacerles la afrenta de llevarse las campanas de la catedral De Santiago). Hoy tenemos en este lugar un puente románico de diez arcos con un bordillo bajo que va haciendo diagonales y que conforma el paso de peatones junto al puente de la carretera nacional.
Camino portugués. 5ª Etapa. Caminha - Viladesuso. 23,5 km
Caminha es un pequeño pueblo portugués junto a la desembocadura Del Río Miño. Tiene una zona turística junto a las playas que se extienden a sur del río y un casco histórico que estuvo rodeado por una muralla de la que hoy sólo queda el recuerdo de la torre del reloj en la plaza donde se encuentra la iglesia de la misericordia y los principales edificios en piedra del pueblo, que le dan un aire apacible y grato.
Para llegar a España hay que atravesar el río, lo que se hace normalmente en un ferry que une las ciudades de Caminha y Portosancos. Pero hoy la marea está muy baja y el barco solo funciona a partir de las tres de la tarde, por lo que tenemos que buscar otra manera de llegar a España. A lo largo del camino hemos visto que se anunciaba una compañía de botes para peregrinos que hacen la travesía. Llamamos a uno de ellos y rápidamente nos viene a buscar la encargada y nos lleva a su embarcadero donde nos pregunta a qué lugar queremos ir. Pronto vemos que no es un transporte regular. Cobra la tarifa sin dar recibo alguno y nos embarca en una nave con motor fuera de borda que en menos de cinco minutos nos lleva a la otra orilla. Allí, frente a una playa vacía, va buscando un lugar donde depositarnos. El aspecto del marinero que nos va a llevar nos infundió algunas sospechas al verlo, pues venía con unos pantalones mojados hasta la cintura, señal de que hacía poco había estado en el mar con esa prenda. Al llegar a la playa tuvo que buscar un lugar para desembarcar y nos temimos que tendríamos que seguir su misma suerte y mojarnos antes de llegar a tierra, con el inconveniente que eso implica para el camino posterior.
Afortunadamente encontró la forma de aproar su barca y dejarnos cerca de la arena, adonde saltamos con alivio. Desde allí, nos dijo se debíamos seguir por la orilla de la playa hasta encontrar un sendero que nos llevará a La Guardia. Quedamos en la arena de la playa con la sensación de unos náufragos o más bien, de unos prófugos de la justicia que atraviesan la frontera clandestinamente y se encuentran en otro país sin ningún trámite de ingreso.
Hoy el paso de fronteras en Europa es sencillo, pero estamos acostumbrados a hacerlo en avión, en tren o en coche, nunca de esta manera sigilosa llegando a un lugar abandonado a primera hora de la mañana.
Una vez orientados en la playa comenzamos el camino por tierras gallegas bajo un cielo azul sobre el que destaca el verdor del monte santa Tecla que vigila la pequeña península de la Guardia. Tras una hora de caminata junto al mar rodeamos la península y llegamos a la primera localidad española de nuestro recorrido, La Guardia, protegida del mar por una pequeña bahía y de Portugal tras el monte de Santa Tecla. Es un pueblo abigarrado, lleno de vida y con una arquitectura desigual, que para ser benévolos podríamos calificar como ecléctica.
Aquí se aprecian ya diferencias con Portugal, pueblos en España más compactos, más apiñados alrededor del centro y de la iglesia. La naturaleza algo más seca, con una vegetación ligeramente menos abundante y más vida en las calles y en las carreteras.
Avanzamos por la costa un buen tramo junto a un mar que hoy luce azul intenso y que refleja el sol que nos acompañará en toda la etapa. Es un día distinto a los anteriores. El sol, la luz del día resplandecen y al mismo tiempo hacen más fatigosa la marcha.
viernes, 10 de septiembre de 2021
Camino De Santiago portugués. Epílogo portugués. 10 de septiembre
Hoy salimos de Portugal por Caminha, en la desembocadura del rio Miño, después de recorrer 110 km desde Oporto hasta este lugar que hace frontera con España. En la desembocadura del río se alza el fuerte de Insua sobre la isla del mismo nombre, equidistante entre España y Portugal, pero que pertenece a éste país y que fue construído en 1649 en la época de la separación de Portugal de la corona de España como baluarte defensivo en tiempos de desconfianza y de agravios. Hoy, los dos países somos miembros de la Unión Europea, compartimos el espacio Schengen que nos permite el cruce de fronteras sin ningún trámite y tenemos unos intereses comunes en el seno de la Unión que han permitido a lo largo de todos estos años construir una relación de confianza basada en intereses comunes, lo que hace del fuerte de Insua solamente una reliquia del pasado.
Hemos conocido a pie un país hermoso, de paisajes espectaculares entre el mar y la montaña. Hemos recorrido ciudades y pueblos, múltiples caseríos, apreciando que a pesar de la cercanía, cada país ha organizado el territorio a su manera, y hemos visto una voluntad de mantener la armonía de la edificación a pesar de la dispersión de las casas a lo largo de esta gran área metropolitana cercana a Oporto.
Viana do Castelo es una ciudad señorial, de una belleza contenida en la cadrícula de sus calles y en las líneas rectas de sus edificios, que ya prefiguraban esa arquitectura de Álvaro Siza que veremos luego en muchas de las edificaciones modernas. Junto a la ciudad, tiene Viana una ecovía que corre a lo largo de la costa entre campos de maíz pequeños bosques de eucalipto y un mar rocoso que entrega a la costa esas algas que llaman sargazos y que se recolectan en los campos cercanos.
Las iglesias y catedrales del camino, aunque deben en muchos casos su origen a las donaciones de los nobles peregrinos que volvían de Santiago, tienen pocas referencias al camino de Santiago, pues el camino cayó en el olvido a partir del siglo XVIII cuando el barroco portugués está en su esplendor y por eso los templos tienen en su interior siempre un retablo barroco con profusión de dorados que son señal de que al menos esta parte de Portugal no ha sufrido directamente el flagelo de las guerras o de los saqueos de monumentos religiosos.
Hemos visto cómo desembocan los ríos en el océano, viniendo en muchos casos de España, desde el Duero majestuoso que sigue su curso desde Oporto hasta llegar al Atlántico, el Ave, más modesto en Vila do Conde, donde hubo astilleros y hoy hay una réplica de una de las carabelas que hicieron famosos a lo navegantes portugueses. El Cávado en Esposende, que forma un paseo fluvial entre residencias turísticas y bosque de gran elegancia, el Lima que pasa bajo el puente Eiffel en Viana y que alimenta su puerto y sus centros de deporte náutico. Y finalmente el Miño, caprichoso con sus mareas que dificultan la labor de los ferries que unen España y Portugal y que hace esa frontera antiguamente belicosa y hoy pacífica separando a dos países cercanos.
Salimos de Portugal con mejores conocimientos, con el recuerdo del magnífico bacalao que preparó Baptiste en su restaurante de Caminha y con la idea de Fernando Pessoa, que estaba escrita en la cabecera de nuestra habitación en el último hotel en el que nos alojamos en Caminha.
“Hay un momento en el que hay que abandonar la ropa usada, que ya tiene la forma de nuestro cuerpo, de olvidar los caminos conocidos que nos llevan siempre a los mismo lugares. Es el tiempo de la travesía….”
jueves, 9 de septiembre de 2021
Camino portugués 4ª etapa. Viana do Castelo - Caminha 28 km
Por otro lado, en una de las calles bordeadas por palacios del centro de la ciudad señalan que se trata de un edificio de estilo manuelino de resistencia. Entiendo que manuelino se refiere a la arquitectura de los tiempos del rey don Manuel, aquel que a comienzos del siglo XVI peregrinó a Santiago y ordenó edificar iglesias a su retorno. Pues bien este estilo se circunscribe básicamente al periodo de su reinado, pero estos edificios son de fines del siglo XVII, y lo llaman manuelino de resistencia, porque se trata de reivindicar un estilo nacional en el momento en el que la corona portuguesa se separa de la española hacia 1648. En ese momento, los portugueses reivindican el manuelino como un estilo propio y lo retoman más de un siglo después de su muerte. A eso llaman resistencia.
La verdad es que entre España y Portugal siempre ha habido suspicacias propias de países vecinos, pero en nuestro peregrinar por estas tierras no encontramos sino simpatía y amabilidad de parte de los portugueses.
Además de la arquitectura tradicional, encontramos en Viana una impresionante biblioteca municipal en un edificio diseñado por Álvaro Siza, quien mantiene su influencia en una gran cantidad de edificaciones de líneas rectas que forman parte del paisaje potugués.
Dejando atrás el edificio de Siza decidimos tomar el camino que va por la costa en lugar del camino central que nos hubiera llevado por la montaña, más o menos como la etapa anterior.
Por la costa salimos de Viana y caminamos por una ecovía que nos permite disfrutar del mar y de las fortificaciones que se alzan en el recorrido adentrándose en el mar para proteger en tiempos remotos a estas poblaciones.
El paisaje mezcla el gris del cielo con el verdor de los bosques que se acercan a la costa. Caminamos en soledad prácticamente todo el tiempo y disfrutamos de unos paisajes que nos alegran la marcha. Al cabo de unas horas comienza la lluvia y se levanta un viento del mar que nos hace volver a ponernos las capas de lluvia y avanzamos con dificultad por la orilla del mar. Lo que hace unos minutos era bucólico y placentero se convierte en un camino lleno de dificultades.
Caminamos apresurados por pasarelas de madera y con deseos de llegar a Caminha, el último pueblo de Portugal, ya en la frontera que hace el río Miño con España. En una actividad en la que se deben pasa más de ocho horas al día a la intemperie, siempre se dan episodios de lluvia, tramos bordeando una carretera, o entradas a ciudades que dificultan la marcha y rompen la armonía de la caminata. Hoy la etapa ha sido larga, más de 28 km y a pesar de la belleza de los paisajes, la lluvia, la necesidad de poner y quitar ropa de lluvia, y los kilómetros finales de caminata junto a una carretera muy transitada, hacen que cojamos con gusto el hotel en nuestra última etapa en Portugal.
Después, una ducha, un vino de oporto y el magnífico bacalao de casa Baptiste hacen que nos reconciliemos con este día de clima incierto que nos ha traído hasta la frontera.
miércoles, 8 de septiembre de 2021
Camino portugués. 3ª etapa. Esposende - Viana do Castelo
martes, 7 de septiembre de 2021
Camino portugués. 2ª Etapa. Vila do Conde Esposende. 26 km.
Si la primera jornada de esta peregrinación discurrió principalmente junto al mar, la de hoy ha sido más variada, como es en general la vida, y nos ha llevado desde la iglesia matriz de Vila do Conde por una zona urbana que conecta esta localidad con la turística Póvoa de Varzim. estamos todavía en la zona metropolitana de Oporto, que es la región más poblada de Portugal y la de mayor nivel de vida, lo que se aprecia en las construcciones ordenadas, la proliferación de empresas y de comercios y de coches de alta gama qu recorren las carreteras secundarias de esta región.
Antes de salir visitamos la iglesia de Vila do Conde, mandada construir por el rey don Manuel a su regreso de Santiago adonde había ido como peregrino. Hay que recordar que en aquellos tiempos el camino debía ser siempre de ida y vuelta, por lo que lo importante no era solamente conseguir el objetivo de llegar a ver el sepulcro del santo, sino volver por el mismo camino con mejores intenciones para comenzar una nueva vida tras la peregrinación. Así don Manuel en 1504 quiso renovar la fe cristiana de sus súbditos y ordenó la construcción de esta iglesia de estilo gótico tardío y de rasgos renacentistas, que en Portugal, en honor a este rey se llama estilo manuelino.
Cerca de esta iglesia, en el centro del pueblo encontramos la capilla de San Roque que fue construida a fines del siglo XVI, esta vez a petición del pueblo de Vila para rogar a este santo que librara a los ciudadanos de la peste, que unos años antes había asolado la villa matando a más de un cuarto de la población. Este es un triste recuerdo en tiempo del Covid, cuando peregrinamos con mascarilla, debemos enseñar nuestro certificado de vacunación antes de entrar a ningún edificio público y cuando por prevención, al cruzarnos con otras personas por los caminos el saludo se reduce a una inclinación de cabeza para no tener que decir las palabras del saludo tradicional “buen camino” por miedo a un contagio al exhalar el aliento.
Después de visitar estos templos comenzamos el recorrido por calles y carreteras secundarias hasta llegar a Póvoa de Varzim, balneario turístico del norte de Portugal que cuenta con una larga y ancha playa dotada de buenos servicios de hostelería y de todo tipo de comodidades para el baño, aunque hoy el día no invitaba a ir a la playa
De Póvoa seguimos por las pasarelas de madera que nos llevan junto al océano disfrutando ahora de la soledad del camino y del viento salado que nos empuja hacia adelante. Pasados unos kilómetros el camino nos lleva hacia el interior y encontramos una sucesión de centros deportivos en cada pequeño pueblo por el que pasamos, campos de fútbol de césped artificial cuidadosamente mantenidos, piscinas, vías ciclistas, se ve que en el norte de Portugal hay una gran afición al deporte y que las dotaciones de servicios municipales es generosa.





























