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sábado, 23 de febrero de 2019

Memorial a Sun Yat Sen





Cada pueblo tiene sus héroes a los que recuerda y conmemora. En los pueblos democráticos, cuanto más alejados en el tiempo, mejor, pues la pátina de los años ayuda a difuminar las aristas y a embellecer los rasgos, que la tiranÍa de la inmediatez nos los haría inaceptables.
Cantón, entre sus miles de años de historia, se decantó por el doctor Sun Yat Sen, presidente de la China posto imperial y líder de la revolución que derrocó a la dinastía Manchú de los Qing, y dio lugar a lo que sería la China moderna, que hoy nos sorprende y nos pone en guardia.

En una mañana de lluvia fría sobre la ciudad, nos acercamos al mausoleo del gran hombre, erigido tras su muerte en 1925, y que en este breve lapso de tiempo ya ha sido bombardeado, destruido y reconstruido, para admiración de los locales y de los turistas. Sobre una de las principales vías de la
ciudadad que va del río de la Perla al sur hasta las montañas Bayiun al norte, el mausoleo se encuentra en el medio de un cuidado jardín, con árboles históricos y en la vecindad de la sede del PCC, como recuerdo diario del poder que se constituyó y del que sigue vigente.

Sun, llamémosle así, aunque en su vía adoptó más de cinco nombres distintos, nació en la provincia de Guandong, y quiso a través de la medicina, traer la modernidad y la democracia a una China que a finales del siglo XIX, ese siglo desigual y triste para el país, languidecía a la espera del último emperador que tan bien retrató Beernardo Bertolucci. El doctor Sun pasó su vida entre los hospitales y las conspiraciones, hasta que en 1912 cayó la monarquia Manchú, y lo que llegó no fue forzosamente mejor. Nuevas satrapías, luchas de los señores de la guerra, división del país entre el norte y el sur, injerencias ya no occidentales como en el siglo anterior, sino japonesa y rusa, y un entusiasmo revolucionario que apenas traspasaba los muros de las ciudades, en tanto que. Los campesinos seguían soportando  su  maldición bíblica.

Sun estableció su capital provisional en Cantón, y en el lugar que ocupa su mausoleo estuvo la sede de su gobierno. Pero todo ello fue efímero. Cantón no pudo sustraerse a su pasado comercial, dejando las sutilezas del gobierno a un norte más puro en su origen histórico y más preparado a la hora de organizar una reunificación que diera cuerpo a una cultura que se reconoce milenaria y que deseaba volver a su ser, aunque con ropajes nuevos. El resto de a historia es sabido, tras la Segunda Guerra Mundial el comunismo toma el poder y organiza n nuevo país del medio, con otros cantos y otras consignas, pero con una asombrosa continuidad histórica.

El mausoleo, con un estilo chinesco renovado, recuerda la figura de su gran hombre, de aquel que dio a la ciudad y al sur en general un lugar en las gestas nacionales, de aquel que la enlazó con la historia y el porvenir, para luego volver rápidamente a sus negocios. A lo que es Cantón, la sede de la industria y del comercio, de las calles estrechas donde se intercambia de todo, de las trece factorías que desde el siglo XVI abrieron los puertos al comercio. Y en la tarde fría nos alejamos buscando el calor del hotel, por la ciudad nueva que el doctorSun no se pudo nunc imaginar.


















































viernes, 15 de febrero de 2019

Festival de primavera



Tras la fiesta del año nuevo chino, se celebran en toda China los festivales de primavera. Una primavera que ya llega a las ciudades del sur del país, pero que en lugares como Pekín se celebra entre tormentas de nieve. De cualquier modo, nada de esto frena el entusiasmo de los chinos por estas celebraciones. Tras una semana frenética de viajes y de reuniones familiares, a la vuelta a sus hogares las celebraciones continúan, con ese estilo chino indescriptible, que mezcla tradición luz y sonido en dosis capaces de matar a un elefante.

Cantón celebra su festival de primavera con parques y jardines rebosantes de flores, y con conciertos musicales que atraen a familias a las calles y plazas y que dan cuenta del gran número de personas que viven en el país. Comparsas de leones, con sus trajes rojos, sus dragones de pega y sus tambores recorren la ciudad y solicitan cortésmente su sobrexcito rojo, donde hay un pequeño aguinaldo, como es tradición en el país. Las casas se adornan con lámparas Rojas, y las puertas de entrada a los grandes edificios son flanqueadas por arreglos que representan un árbol repleto de mandarinas como auspicio de buena suerte.

Si ls celebraciones tienen un toque laico y exento de recuerdos religiosos, la superstición y la necesidad de buenos augurios están presentes en todas las celebraciones y en los protocolos cotidianos de los chinos. El color rojo es el color tradicional de la buena suerte en China, mucho antes del triunfo del partido comunista, y los números juegan un papel importante en la vida. El número 8 que se pronuncia como la palabra Fa en cantonés, representa la prosperidad, y es el número deseado por los chinos para su número de teléfono, para la matrícula del coche y para elegir el piso donde vivir. De hecho, los Juegos Olímpicos de Pekín se inauguraron el 8 del 8 de 2008.

Pero junto con estas anécdotas y tradiciones, el año nuevo sirve para constatar el estado de la economía china. Este año, tras el comienzo de la guerra comercial con Estados Unidos, él crecimientos de la economía Chna se ralentizó a un 6,5 % según datos oficiales y a una cifra todavía menor según el consenso de analistas internacionales. Las dudas sobre la salud de la economía china han dominado las discusiones del foro de Davos, y los temores a una recesión mundial se centran en el comportamiento futuro de la economía china. A esto se responde desde las páginas de los diarios oficiales con unas cifras diferentes. Aquí se dice que el crecimiento sigue estable, gracias, sobre todo al consumo interno, y los datos de consumo de estas fechas dan cuenta de las dimensiones que tiene todo en China. Según datos oficiales, el consumo durante esta semana de festividades ascendió a 148.000 millones de dólares y las ventas crecieron un 8,5% respecto al año anterior. Señalan a que la guerra comercial afectará a las importaciones de productos extranjeros, pero aumentará el consumo de productos nacionales y facilitará de algún modo la transición de una econom´industrial a otra de servicios y de base tecnológica. Cuánto de esto será cierto, no lo sé, pero el dinamismo de la sociedad, las consignas para una transición hacia una economía verde y de alto contenido tecnológico se repiten con la persistencia y inmisericorde que solo algunos regímenes saben difundir, mezclando tradición y desarrollo tecnológico en ese sincretismo chino que combina lo bello y lo nuevo, con lo kitsch y lo ingenuo en un amalgama que va creando sus nuevos ritos y que se expande al ritmo de su crecimiento económico.


















domingo, 10 de febrero de 2019

Geografía e historia



China, ¨el país del centro¨, en su significado original en idioma mandarín, nos ha parecido siempre distante y esquiva. La dificultad de acceso a esta tierra remota, y su propio ensimismamiento durante siglos, han hecho que hasta tiempos rcientes, el conocimiento de su historia y geografía no hayan sido materia popular fuera de los círculos académicos. Pero la geografía y la historia se imponen siempre, y aunque lejanas, merecen una visita para ubicar mejor el dónde y el por qué de nuestra peripecia vital.
Cantón, versión occidentalizada del nombre chino de Guandong, ocupa hoy un lugar central en la desembocadura del río de la Perla, en el sur de China, entre las zonas especiales del Macao y Hong Kong, más conocidas por su pasado colonial portugués y británico respectivamente.
El delta, forma parte de la gran cuenca del Río Xi, que vertebra el sur de China de Oeste a Este, desde los confines con las selvas de Vietnam hasta la desembocadura en la bahía dela Perla. Toda esta cuenca abarca 390.000 Km cuadrados, y atraviesa varias provincias, cerrando así el trazado de la China fluvial, que va desde el río amarillo al Norte; el Yang Tsé que desemboca en Shanghai y divide de una manera inexacta a China en norte y sur, y finalmente, en este confín de la China del Sur, el río Xi, que da lugar al delta del río del a Perla.

Esta precisión geográfica, dadas las distancias Chinas, da cuenta de lo que son hoy las tres grandes urbes del país, Pekín, Shanghai y Cantón, que como en todo lugar dan lugar a poblaciones muy diversas, con variedad de lenguas y dialectos, pero que al extranjero no parecen más que una parte del todo que conforma el mundo chino, o Han.

Los ríos, cuna de la humanidad y de las sucesivas civilizaciones, facilitan la vida urbana y proveen de alimentos a comunidades extendidas, y en el caso del río de la Perla, antes de la invasión industrial y del acelerado desarrollo de estos últimos 40 años, representó para la China montañosa un campo fértil de cereales y verduras, que produce hasta tres cosechas al año, y soporta, solo en la provincia de Guandong a 110 millones de habitantes. Este es el tamaño de la esperanza poblacional en China.

Aquí en el centro de la Gran Bahía, con Macao al Oeste y Hong Kong al este, se ubica Cantón, abierta al mar y cercana a indochina, ciudad de mercaderes y navegantes, que da una salida al exterior a la China milenaria y que articula el comercio con el mar de China, desde los tiempos de Marco Polo.

La China del sur, tierra de los yué, antiguo reino más vinculado a indochina que al norte del país, se incorpora a la gran china imperial con la dinastía Qin, en el 226 antes de cristo, bajo ese emperador unificador, Qin huanshi, el que mandó construir la gran muralla y el que ordenó destruir todos los libros para erradicar el confucianismo. Esta apradoja dio lugar a un cuento de Borges, jugando con la construcción y destrucción, con el olvido y con la memoria.

Así, la china cantonesa es una china, "yué" y aún se denomina así a su dialecto o lengua, y a sus habitantes, incluso el símbolo de la matrícula de sus coches e yué. Y esta marca es lo que la hace diferente, tan alejada del centro en un país que se considera el centro "Zhon guó".

Y esta lejanía y su relativo aislamiento del resto del país por las sucesivas cadenas montañosas que hacían azaroso acercarse a estos lugares, dio lugar a su mayor tradición comercial. Desde la llegad a de europeos a las costas chinas, el imperi reticente, trató de alejarlos de sus centros de poder, y así, les dio unas concesiones en el lejano y ajeno sur, para que el contacto fuera mínimo. Así sucedió con portugueses y holandeses, y aun con españoles, que en su comercio global a través de México con el galeón de Acapulco,  traía monedas y reales, y se llevaba los mantones de Manila, que en realidad eran tejidos de seda chinos, que llegaban a través de Filipinas.

Las vergonzosas guerras del opio, y los "tratados de paz desiguales" hicieron el resto, para abrir los puertos del sur al comercio, pero siempre de una manera tímida, vergonzante y dejada en manos de estos chinos yué del sur.

Esta es la Cantón de hoy, comercial y alejada. Populosa y retraída, que se acerca al mundo con sus dos extremidades en Macao y Hong Kong, y que se suma a la modernidad en este esfuerzo chino por volver a ser "el país del centro"


















martes, 29 de enero de 2019

Fiesta de año nuevo

Las distancias en una ciudad china tienen otra dimensión, como casi todo en China. Kilómetros y kilómetros de ciudad se extienden a través de avenidas, calles y pasos elevados en un continuo urbano que parece sin fin.
Invitado a una celebración del año nuevo chino en uno de los barrios al norte de Cantón, un sábado al mediodía, con poco tráfico tardamos más de una hora y media en llegar a nuestro destino, tras atravesar una autopista urbana, cruzar innumerables puentes y dejar a los lados unas rampas de acceso a vías elevadas, que con una característica propia de esta zona están adornadas de jardineras con flores, mitigando la fealdad del cemento.

En China, el año nuevo lunar es la gran celebración anual que une al país de norte a sur y de este a oeste. Es la temporada en la que se recomienda no viajar por motivos turísticos, pues todos los chinos se ponen en movimiento para llegar a sus ciudades de origen a pasar las fiestas en familia. Esto, en un país que ha vivido el más acelerado proceso de urbanización de la historia, significa que millones de personas abandonan por unos días las ciudades y se ponen en camino hacia sus pueblos, donde cada uno tiene una forma única y distinta a su manera de celebrar el año nuevo.

Pero antes del éxodo familiar hay que dejar los asuntos arreglados, hay que terminar las labores administrativas y productivas. Todo debe terminar antes de que comience la partida, a riesgo de que los asuntos queden suspendidos hasta después de las celebraciones, es decir, al menos dos semanas de retraso en la efervescente economía china.

Y junto con los negocios y los asuntos laborales, como anticipo de las celebraciones familiares, se ha instalado la costumbre de las fiestas de despedida en los centros de trabajo o entre amigos. Los negocios, las fábricas, los edificios, van adquiriendo en los últimos días de enero un color rojo dado por multitud de adornos y envoltorios que anegan las ciudades. Desde los tradicionales farolillos rojos, a las tiras de papel o de seda con inscripciones amarillas, todo se traviste en este color festivo,  que se extiende a las cajas de regalo o a los sobres en los que se debe ingresar unos billetes para alegrar la cara de familiares y de amigos.

Y en China, como en Europa, y en España, se celebran cenas de empresa. Ese momento del año en el que las categorías laborales se difuminan; en el que la camaradería y la amistad, más o menos forzadas avanzan sobre meses de laboriosidad y de jerarquía.

La fiesta a la que asisto tiene todos los ingredientes de la nueva sociedad china. Exhibición, ingenuidad, y afán de emulación de lo que se imagina que ocurre en el resto del mundo. Aquí el sentido del espectáculo oriental es mucho más alto que el nuestro, lastrado por una torpe timidez.
Los trabajadores, de distintos departamentos han preparado durante semanas unas presentaciones públicas con grandes dosis de teatralidad y de imaginación. Luces en la oscuridad que bailan al son de músicas occidentales, retumbar de tambores tradicionales que anuncian el nuevo año, imitaciones y bailes alusivos a la empresa. Todos desfilan delante de sus compañeros exhibiendo sus mejores sonrisas. Entre tanto, las mesas del salón rebosan de comida para estar a la altura de la despedida del año. Un hot pot, u olla tradicional en la que cabe todo, verduras, cerdo, pollo, ganso, langostinos, el preciado avalon, las patas de gallina gelatinosas o las patas de ganso como muestra de la suntuosidad del banquete. Vino, cerveza y esos indescriptibles licores chinos servidos en mínimas copas debido al alto precio de cada botella.


Los empleados, con la cabeza ya en su próximo viaje, dan cuenta de la olla, pero cuando parece acabar el banquete tiene que llegar el cordero, hecho al horno por piezas enteras, que se distribuye por las mesas como una bendición para el año que comienza.

El espectáculo ha continuado en el escenario. Todos los departamentos han hecho su aportación artística, y en los intervalos se ha hecho el reconocimiento de la labor de cada uno de ellos. Como en otros lugares, los empleados más humildes son los más aplaudidos, y los hay que suben dos o tres veces al escenario por su incansable labor en el desempeño de su trabajo.

Al finalizar, la mesa principal, en la que me encuentro con otros invitados como el dirigente local del partido y algunos directivos de la empresa, debemos dar nuestra votación a los diferentes números musicales que hemos presenciado para otorgar los premios de la noche. Me esmero en hacer mi labor profesionalmente, y tras entregar nuestras hojas de clasificación, veo que la organizadora del evento regresa con la cara demudada al ver los resultados. Me dice, hay un error, esta puntuación es demasiado baja, y aquella otra, demasiado alta... No me salen así las cuentas. Resignado admito mi error y le ruego que lo corrija, de modo que el grupo elegido por ella resulte lógicamente vencedor del certamen. Respiro aliviado, pues por un exceso de libertad de apreciación a punto estuve de acabar con una tradición establecida de antemano y que garantiza el orden y una cierta justicia por métodos más expeditivos.
Al finalizar la fiesta, regreso ardua y lentamente a mi hotel. Las fábricas entran en un letargo que durará hasta el final de las celebraciones del año nuevo chino, y voy recordando otras fiestas de empresa en España, en años pasados, cuando el crecimiento económico iba acompañado de la ilusión, y recuerdo a los jefes de almacén disfrutando de su gran noche, o a las secretarias que se demostraban grandes bailarinas, o a algún compañero de trabajo más locuaz de lo habitual a lo largo de la noche. Y recuerdo y reconozco que lo que nos une es más que lo que nos diferencia en cualquier parte del mundo.












miércoles, 23 de enero de 2019

El argentino en Canadá






No, me ha ocurrido lo mismo que al argentino en Canadá. Ese argentino que emigra a Canadá y escribe a la familia entusiasmado con la belleza del país, los colores, la naturaleza, los primeros copos de nieve... Y sigue cayendo la nieve, y se adentra el invierno, y nieva, y nieva, y la nieve se convierte en monótona, y luego en un incordio, y finalmente exasperante, de modo que a los pocos meses, el argentino empieza a echar de menos el pago, el mate, su ciudad, y a odiar con todas sus fuerzas la nieve y esos simpáticos animales canadienses que se adaptan tan bien a la maldita nieve.

Pues no, todavía no. Todavía la neblina no ha podido con mi capacidad de sorpresa, ni la comida cantonesa me ha llegado a saciar, aunque todo puede ocurrir, ni el endiablado idioma chino, aderezado con el cantonés local ha impedido que trate de comprender lo que hay debajo de las palabras.

Nos acercamos al año nuevo lunar. El color rojo, tan querido a los chinos, aparece por todos los sitios, y junto con los infaltables farolillos, las tiras de papel a la entrada de los edificios y las bolsitas chinas para depositar un regalo en efectivo (mucho más cómodo y eficiente que los regalos sorpresa de nuestra Navidad), aparecen por las tiendas una especie de cestas deregalo, de color rojo, por supuesto, con comida, bebidas y algunos artículos importados, que asemejan a nuestras cestas de Navidad.

Son días de felicitación y despedida. Los jóvenes que han emigrado a las ciudades vuelven a las casas de sus mayores a pasar estos días familiares. Esto quiere decir, que al multiplicar los viajes por las dimensiones de lo chino, hay un movimiento telúrico de viajes por todo el territorio nacional, a través de caminos que se entrecruzan y se bifurcan hasta el infinito. Los medios de transporte se colapsan, las ciudades se van quedando vacías, y la economía se ralentiza durante una o dos semanas. Al igual que nos ocurre a  nosotros, todo el mundo quiere dejar cerrados sus expedientes de trabajo antes de las vacaciones. Hay un frenesí de llamadas y de asuntos de última hora, que ya no pueden esperar porque todos quieren irse de vacaciones con la conciencia tranquila. Y poco a poco comienza el éxodo, que según anuncian, este año puede ser más largo de lo habitual.

En la prensa internacional, en el foro de Davos, e incluso en la prensa local, cortésmente traducida al inglés se habla de la desaceleración del crecimiento de China. Parece que incluso el Comité Central ha reconocido esta situación, lo que hace pensar que la desaceleración puede ser todavía mayor de lo que se anuncia. Por eso, si en estas fechas, normalmente se aprovecha para dar un respiro a la enorme capacidad de producción de China, este año el parón puede ser mayor, por que de ese modo se reducen los stocks de almacén y se acompasa la producción a una demanda internacional alicaída por la anunciada guerra comercial.

Son tiempos inciertos, tiempos de cambio que no dan respiro, pero detrás de todo eso, se adivina en esta parte del mundo una competición sin descanso por dirigir este cambio, una consigna repetida en todos los ámbitos para ponerse a la vanguardia de esta cuarta revolución industrial, y una adaptación al cambio, que desde fuera parece natural. Pasar de la bicicleta al coche autónomo, sin conductor en apenas dos generaciones, es un reto difícil de emular.

Y así tradición y vanguardia se dan la mano en estas vísperas del año nuevo. Por unos días, estas jóvenes generaciones nacidas con un móvil en la mano volverán a sus ancestros y retomarán costumbres lejanas para no olvidar que no somos sino breve sueño en el curso de la eternidad.





viernes, 18 de enero de 2019

Mundos divergentes

Hoy ha salido el sol, tras varios días de neblina, hoy he podido adivinar el cielo de Cantón, que da otro color a las plantas y a la traza de la ciudad, y con el sol va acabando el corto invierno de esta zona subtropical.

Entre tanto, las noticias de los periódicos de acá y de allá, divergen como estos dos mundos que se acercan y se repelen a la vez. Aquí la tradición se ha vestido rápidamente de modernidad, y los pocos vestigios de una cultura que se reclama milenaria, son sustituidos con naturalidad por todos los atributos de la nueva revolución tenológica. Móviles, pagos, robots, inteligencia artificial, todo en un esfuerzo coordinado y dirigido a lograr a través del avance tecnológico mejoras en la calidad de vida.
Impresiona ver la capacidad de movilización de recursos, y la homogeneidad del discurso, desde las publicaciones a los discursos, pero más sorprendente es la rapidez de ejecución de las directrices.

EN cualquier presentación pública, no falta la foto comparativa, hoy y hace 10, 20 años... Y efectivamente, estamos en otro mundo. Donde ayer veíamos avenidas repletas de bicicletas, hoy vemos autopistas nuevas, con varios niveles, por donde circulan vehículos nuevos, y en muchos casos de alta gama, como no se ven ya en la Europa postcrisis. Habremos entrado en el futuro?.
Y es este el futuro que imaginábamos?.

Tantas preguntas y tantas perplejidades entre dos mundos que parecen divergente, entre el valor supremo de lo unitario y central, y el afán centrífugo y fragmentado que vemos en muchos países.
Los signos externos convergen cada vez más. Modas, marcas, tiendas, consumo, costumbres, pero el fondo insaciable del corazón humano parece que va por vías diversas, por caminos opuestos en un mundo que corre más aprisa que esas fotos ya envejecidas con el solo paso de una década.
Hoy, en Shenzen, ciudad de veinte millones de habitantes, creada sobre un pequeño pueblo cerca de Hong Kong hace 40 años. Shenzen, la capital tecnológica de Asia, la ciudad pionera en el movimiento de ciudades inteligentes, con infraestructuras modernas, inteligencia artificial aplicada a los servicios públicos,, ciudad sin pasado, que prefigura un futuro que no tiene por qué ser forzosamente mejor.

domingo, 13 de enero de 2019

Conclusiones precipitadas




Pasada una semana en China me atrevo a sacar algunas conclusiones que sin duda serán refutadas por el paso del tiempo y sustituidas por otras mejor fundamentadas,  pero como a veces la primera impresión es lo que cuenta, me aventuro a detallar algunas por si realmente fuera así.

1. Los occidentales, escasos en esta ciudad, somos vistos como seres dotados de una gran nariz y de mucho vello en cualquier parte del cuerpo. A pesar de ello no nos señalan por la calle al pasar, y si hacen algún comentario sobre nuestro aspecto, es muy discreto.

2.  El cambio radical que ha experimentado el país en los últimos cuarenta años se ha asumido con gran naturalidad y orgullo. En Cantón se adivina una buena cantidad de turistas de la propia provincia, y de jóvenes que acompañan a a sus mayores de visita a la gran ciudad para conocer con orgullo la transformaciónón de lo que eran huertas hasta hace veinte años, en una ciudad moderna.

3. En Cantón, como en la mayoría de las ciudades que conozco, el principal enemigo del peatón, es el ciclista,  ayudado ahora por los conductores de todo tipo de vehículos de dos o más ruedas que circulan por aceras y parques como si no hubiera mañana.

4. La Autoridad China ha lanzado dos ideas que deben realizarse con toda la rapidez posible. El cuidado del medio ambiente, y el desarrollo de la economía digital. Así han pasado de una industria contaminante y una falta de reglas sobre preservación medioambiental, a ser adalides de las ciudades verdes y a adelantar el fin de los vehículos de combustión, antes que lo hagan europeos y norteamericanos.

5. Todo chino de ciudad va armado de un teléfono inteligente, que usa sin descanso y que le sirve para el entretenimiento, el trabajo, el pago en los comercios, y a veces, incluso par hablar.

6.  A pesar de que todas las noticias apuntan a una reducción del consumo en China y a una cierta desaceleración económica, en esta enorme parte de la ciudad no ay más que centros comerciales abarrotados y con clientes activos en todo tipo de negocios. Parece ser que el chino es negociante y consumista. (No sé cómo pudieron vivir tantos años sin acceso al consumo y al mercado).
Hoy, en una boda en un hotel cercano al mío se estacionó una caravana de más de 20 coches Mercedes s400 todos idénticos y adornados para la ceremonia.

7. La ciudad está muy limpia. Extremadamente limpia, y no sólo en la ciudad nueva, sino en lo que queda del centro histórico, no se ve un papel en el suelo. La legión de barrenderos que trabajan día y noche debe ayuda, pero también la publicidad y la vigilancia. Pienso que funciona el sistema por el que una vez limpio un espacio público es más difícil que nadie se atreva a ensuciarlo.

8. Los servicios públicos incorporan mucha tecnología, desde el transporte a la información o l biblioteca pública. Y sorprendentemente funciona...

9. El idioma es una barrera y una defensa para un mundo muy centrado en sí mismo.  Aquí muy pocos hablan inglés, y los que lo hacen, generalmente con dificultad. A pesar de eso han hecho el esfuerzo de poner las principales señalizaciones públicas tanto en Chino como en inglés. 
Hoy por ejemplo he desistido de comer en un restaurante ante la total imposibilidad de pedir algo que no fuera al azar. 

10. En China, a falta de iglesias y de templos, que no abundan, parece haber una gran dedicación a la familia. La zona central se llena los fines de semanas de familias en apariencia felices, con muchos niños pequeños y abuelos, que aparentemente tienen la misma manera expresión y los mismos juegos que los que veríamos en un parque de cualquier ciudad occidental. La familia, célula esencial de la sociedad, junto con el municipio y el movimiento.