Temblar, sacudir, remover las entrañas de la tierra y devastar. Así sucede un terremoto, un ligero temblor, una sacudida, segundos, incluso minutos de zozobra en los que se confunden los estados de la materia. Lo que creíamos sólido es casi líquido. Carreteras, edificios, montañas, puentes, todo queda sometido a revisión por el implacable furor de la tierra.
Y hoy, como hace unas semanas en Haití ha vuelto a recordarnos la fragilidad humana y de paso la fragilidad de nuestras obras. Ni los sólidos edificios chilenos, ni la meticulosidad y rigor de sus normas de construcción pueden soportar los embates de la furia nacida bajo la corteza terrestre. La fuerza telúrica cantada por Neruda desde Temuco ha vuelto a esta ciudad chilena con la fuerza y la ciega violencia de la naturaleza que sólo los hombres pueden emular en su afán destructivo.
Momentos de horror y de dolor, momentos de esfuerzo y entereza y momentos de bajeza y de mezquindad. Saqueadores, furtivos amigos de lo ajeno en medio del dolor y de la catástrofe. No importa el lugar ni el tiempo, siempre hay alguien que aprovecha su oportunidad. En el Nueva York de lo setenta durante el apagón, en Haití recientemente en la búsqueda desesperada de agua y alimento o en el bien organizado Chile. Imágenes de carabineros separando a truhanes de su botín, muradas torvas y cobardes que saben el tamaño de su iniquidad. Y después el recuento de muertos, de pérdidas, de responsabilidades, de ayudas, de gestos de solidaridad. Y después volver a la calma a olvidar las réplicas y los simulacros, volver a ver los días calmos y olvidar el temblor, los temblores, el miedo y seguir viviendo.
Y temblar también ante la bajeza, la insidia, la maldad, la indiferencia y la insensibilidad. Granma publica por fin, el obituario de Orlando Zapata, desconocido y humilde, albañil, plomero o más precisamente "changuista" y negro. Y el obituario añade oprobio a la vergüenza, justifica su muerte en su conducta antisocial, en sus pésimos antecedentes. No olvidar que en Cuba existe una ley que pena las malas amistades, la conducta sospechosamente antisocial, es decir que te condenan por las pintas o por las amistades. Y entre tanto, el gran estadista Lula haciendo la vista gorda, justificando y no juzgando. Seguramente una muerte, doscientos presos de conciencia, millones de exiliados no son suficiente motivo para la acción de un hombre, que legítimamente lleva a su país al futuro y figura entre los favoritos del mundo.
domingo, 28 de febrero de 2010
viernes, 26 de febrero de 2010
Tiempos turbulentos
Rectificar, cambiar el rumbo, desdecirse y seguir dudando. No hacemos otra cosa, las medidas contra la crisis, la modificación o no de la edad de jubilación, el incremento o no del iva, la congelación o no de los salarios de los funcionarios públicos, la condena o no de la violación de los derechos humanos en Cuba. Hablar, anunciar, rectificar y no actuar.
Vivimos tiempos turbulentos, con un clima revuelto como no habíamos visto y con más incertidumbres de las que normalmente conlleva la vida. ¡Dios nos libre de los infalibles¡ pero también de los indecisos, especialmente en aquello que nos afecta o nos puede afectar.
Tal vez recordar algunas reglas básicas de esta democracia que llamábamos joven en España y que hoy, con poco más de treinta años nos parece ya envejecida, nos ayudarían. La democracia como algo más que ganar elecciones. La eficacia de los controles y contrapesos al poder político. El trabajo político en favor de los ciudadanos, el diálogo con aquellos que piensan distinto para llegar a acuerdos nuevos y no con los que previamente estamos de acuerdo, un mayor respeto por los individuos y algo de humildad para recordar de dónde venimos y adónde estamos tras los años de vacas gordas. Ya se sabe, "días de mucho, vísperas de nada"
Entre tanto, andar y desandar el camino, vacilar y tratar de sacar ventaja, mentir, rehuir, engañar para ganar días al calendario y en caso de necesidad rectificar con desparpajo aunque la mirada muestre un deje esquivo, una dificultad para completar el engaño.
Vivimos tiempos turbulentos, con un clima revuelto como no habíamos visto y con más incertidumbres de las que normalmente conlleva la vida. ¡Dios nos libre de los infalibles¡ pero también de los indecisos, especialmente en aquello que nos afecta o nos puede afectar.
Tal vez recordar algunas reglas básicas de esta democracia que llamábamos joven en España y que hoy, con poco más de treinta años nos parece ya envejecida, nos ayudarían. La democracia como algo más que ganar elecciones. La eficacia de los controles y contrapesos al poder político. El trabajo político en favor de los ciudadanos, el diálogo con aquellos que piensan distinto para llegar a acuerdos nuevos y no con los que previamente estamos de acuerdo, un mayor respeto por los individuos y algo de humildad para recordar de dónde venimos y adónde estamos tras los años de vacas gordas. Ya se sabe, "días de mucho, vísperas de nada"
Entre tanto, andar y desandar el camino, vacilar y tratar de sacar ventaja, mentir, rehuir, engañar para ganar días al calendario y en caso de necesidad rectificar con desparpajo aunque la mirada muestre un deje esquivo, una dificultad para completar el engaño.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Indiferencia
Morir, apagarse, desaparecer y dejarnos. Es difícil conjugar el verbo morir. Cómo decir la primera persona sin incurrir en la vana metáfora o en la triste hipérbole?. Yo muero, morí he muerto. Terminas usando una locución como "estoy muriendo", como diría Orlando Zapata en sus más de 80 días de ayuno en las diversas cárceles cubanas por donde ha desfilado. Y hoy, él ha muerto finalmente. Un muerto que cargar a las espaldas de este ogro filantrópico y heroico que es el Estado cubano. Ha muerto como mueren día a día los presos de conciencia en las cárceles o como mueren los millones de cubanos impedidos de salir de su país o de manifestarse en libertad.
Pensaba hablar hoy en este blog sobre las muchas dudas que con asiduidad me asaltan y me atrapan, pero la noticia que me llegó esta mañana me ha hecho mirar a otros lugares de mi experiencia de los cuales guardo alguna certeza. La muerte, la represión, la sinrazón y peor aún, la indiferencia.
Nuestro melifluo presidente ha perdido una oportunidad de purgar el daño hecho a la dignidad de los pobres y a la integridad de los bolsillos de los ciudadanos, si al hablar bajo la costosa cúpula del pintor Barceló en Ginebra hubiera aprovechado tan caro púlpito para recordar a Orlando Zapata y pedir el indulto de aquellos que siguen muriendo día a día en Cuba. Sin embargo, con pericia de diplomático y unas gotas de cursilería propia, ha hecho otro canto a la bondad genérica, sin reclamar que cesen en su empeño quienes causan el mal.
No es sólamente Rodríguez quien yerra, calla, asiente y se despereza. Le acompañan un ramillete de líderes internacionales y no tan líderes, para quienes la experiencia del Gulag, de los juicios amañados, de las purgas internas, de la represión comunista aunque sea acompañada por sones caribeños, es diculpable. Veremos si Lula, de visita a la isla deja un tiempo de lado su perfil más capitalista y comercial y entre firma y firma de acuerdos económicos tiene tiempo para atender a la madre de Orlando, o a Yoani Sánchez quien ha subido a su blog el estremecedor relato de la madre del preso hoy muerto Orlando Zapata, quien ya no penará más por las prisiones de Cuba y cuyos compañeros lo recordarán con angustia cada minuto que pasen en las frías prisiones tropicales.
Pensaba hablar hoy en este blog sobre las muchas dudas que con asiduidad me asaltan y me atrapan, pero la noticia que me llegó esta mañana me ha hecho mirar a otros lugares de mi experiencia de los cuales guardo alguna certeza. La muerte, la represión, la sinrazón y peor aún, la indiferencia.
Nuestro melifluo presidente ha perdido una oportunidad de purgar el daño hecho a la dignidad de los pobres y a la integridad de los bolsillos de los ciudadanos, si al hablar bajo la costosa cúpula del pintor Barceló en Ginebra hubiera aprovechado tan caro púlpito para recordar a Orlando Zapata y pedir el indulto de aquellos que siguen muriendo día a día en Cuba. Sin embargo, con pericia de diplomático y unas gotas de cursilería propia, ha hecho otro canto a la bondad genérica, sin reclamar que cesen en su empeño quienes causan el mal.
No es sólamente Rodríguez quien yerra, calla, asiente y se despereza. Le acompañan un ramillete de líderes internacionales y no tan líderes, para quienes la experiencia del Gulag, de los juicios amañados, de las purgas internas, de la represión comunista aunque sea acompañada por sones caribeños, es diculpable. Veremos si Lula, de visita a la isla deja un tiempo de lado su perfil más capitalista y comercial y entre firma y firma de acuerdos económicos tiene tiempo para atender a la madre de Orlando, o a Yoani Sánchez quien ha subido a su blog el estremecedor relato de la madre del preso hoy muerto Orlando Zapata, quien ya no penará más por las prisiones de Cuba y cuyos compañeros lo recordarán con angustia cada minuto que pasen en las frías prisiones tropicales.
domingo, 21 de febrero de 2010
Anticipar, prever y esperar. Al final nada es como debería y las previsiones, las imágenes que nos formamos de antemano se borran antes de formarse en ese espacio entre la realidad y el deseo.
El primer día de colegio, el primer día de trabajo, el comienzo de una vida en común, estrenar una prenda, una casa, comenzar. Todo lo anticipamos, lo vemos nítidamente como una película con finales alternativos. La información que nos han dado, la que afanosamente buscamos en libros y archivos, en recuerdos de quienes están cerca de nosotros o de quienes han experimentado ya esta primera vez, que nunca es primera. Nos preparamos para entrar en la nueva situación, podemos adelantar nuestros argumentos, nuestra pose, la forma de abrir la puerta, de adelantar el pie derecho o el izquierdo,imaginar lo que nos dirán, con qué tono, con qué intenciones o simplemente con una voz neutra que no delata la celada ni anticipa desarrollos posteriores.
Imaginamos igualmente nuestra reacción, o llevamos ensayada una actitud para los primeros días. Una voluntariosa sonrisa para ganar la benevolencia del nuevo público, una humilde mirada para no provocar el rechazo inicial a todo extranjero. O con desenvoltura acertamos a entrar en la morada con la confianza de quien ha vivido ya en la casa, quien conoce a los sirvientes y a los vecinos y quien imagina que en su ausencia nada ha cambiado, o que todo es hoy lo contrario.
Nada de eso ocurrirá. Los susurros, el río subterráneo de la vida es más sinuoso y esquivo de lo que anticipamos, no los oiremos, no nos serán revelados, pero estarán allí, esperando y acechando como el primer día. No importa qué aptitud adoptes, qué mano utilices para saludar, el destino de ese primer día está echado, preparado par revelarse cuando atravieses el umbral y sea ya un día más, otro día sin anticipación ni estreno sin la zozobra del debutante. Un día cualquiera.
Entre tanto,, no olvidar que todos los días son días cualquiera para quien esperan con esperanza, en prisiones y en la calle, o en casas vacías ante un nuevo lunes al sol.
El primer día de colegio, el primer día de trabajo, el comienzo de una vida en común, estrenar una prenda, una casa, comenzar. Todo lo anticipamos, lo vemos nítidamente como una película con finales alternativos. La información que nos han dado, la que afanosamente buscamos en libros y archivos, en recuerdos de quienes están cerca de nosotros o de quienes han experimentado ya esta primera vez, que nunca es primera. Nos preparamos para entrar en la nueva situación, podemos adelantar nuestros argumentos, nuestra pose, la forma de abrir la puerta, de adelantar el pie derecho o el izquierdo,imaginar lo que nos dirán, con qué tono, con qué intenciones o simplemente con una voz neutra que no delata la celada ni anticipa desarrollos posteriores.
Imaginamos igualmente nuestra reacción, o llevamos ensayada una actitud para los primeros días. Una voluntariosa sonrisa para ganar la benevolencia del nuevo público, una humilde mirada para no provocar el rechazo inicial a todo extranjero. O con desenvoltura acertamos a entrar en la morada con la confianza de quien ha vivido ya en la casa, quien conoce a los sirvientes y a los vecinos y quien imagina que en su ausencia nada ha cambiado, o que todo es hoy lo contrario.
Nada de eso ocurrirá. Los susurros, el río subterráneo de la vida es más sinuoso y esquivo de lo que anticipamos, no los oiremos, no nos serán revelados, pero estarán allí, esperando y acechando como el primer día. No importa qué aptitud adoptes, qué mano utilices para saludar, el destino de ese primer día está echado, preparado par revelarse cuando atravieses el umbral y sea ya un día más, otro día sin anticipación ni estreno sin la zozobra del debutante. Un día cualquiera.
Entre tanto,, no olvidar que todos los días son días cualquiera para quien esperan con esperanza, en prisiones y en la calle, o en casas vacías ante un nuevo lunes al sol.
sábado, 20 de febrero de 2010
Paramnesia
Recordar, cerrar los ojos y ver de nuevo, tener memoria de las cosas, de los hechos, de las personas que pasaron y de las que están.
Un instante sin aire en los pulmones, un olor, un sonido que llegan debilitados a la mente en vigilia nos transportan a otra situación, nos hacen vivir dos veces el mismo moemento con mucha mayor nitidez que un sueño. Paramnesia creo que la llaman, o esa sensación de déjà vu, o como decía una negra sandunguera en un programa radiofónico, ¡Hijo, he tenido un dayavú¡.
Pero es algo más que esa sensación que los franceses acuñaron y que hoy se carga con connotaciones de hastío de lo conocido y repetido. Es la sensación instantánea, vivida y cierta de que este movimiento, esa bicicleta de colores que pasa delante de nosotros, ese sonido, ese hueco en el estómago que precede al miedo lo hemos vivido ya.
Quizás no sea recordar, sino adelantar, anticipar lo que vamos a vivir, lo que nos depara el futuro inmediato. La paramnesia no es un ejercicio de melancolía ni de saudade, sino una alerta del alma al cuerpo dormido que sale de su letargo con los sentidos listos para nuevas peleas.
Recordar entonces lo ocurrido, o lo que que creemos que nos ocurrió en una lejana mañana de invierno cuando no teníamos hijos, ni mujer ni proyecto, sino una idea general de lo que queríamos de la vida o de lo que le pedíamos a la vida con vehemencia y error.
Recordar y tener esa dicha, ese don que nos es dado y que no valoramos hasta que lo perdemos, primero al olvidar unas fechas irrelevantes, luego unos datos que estudiamos hace años, o los nombres de los conocidos, o los de aquellos a quienes conseguimos poner cara pero ya no el nombre. Hay quien dice que tenemos una capacidad limitada de memoria en nuestro cerebro, y que como un viejo disco duro, a medida que le introducimos datos inútiles o irrelevantes vamos llenando su espacio y reducimos nuestra capacidad de respuesta. Sería cuestión, pues de ir vaciando en la papelera de reciclaje aquello que nos hizo daño, aquello de lo que nos arrepentimos, aquellos momentos en que nosotros mismos reconocemos la mezquindad de nuestra actuación, y así hacer hueco para nuevas entradas, para mayor capacidad de recuerdo y de vida o de revivir aquello que vivimos con ilusión.
Recordar y tal vez más que recordar revivir y preparar el cuerpo para el abismo de un nuevo día con sus calles, sus nubes y sus afanes.
Un instante sin aire en los pulmones, un olor, un sonido que llegan debilitados a la mente en vigilia nos transportan a otra situación, nos hacen vivir dos veces el mismo moemento con mucha mayor nitidez que un sueño. Paramnesia creo que la llaman, o esa sensación de déjà vu, o como decía una negra sandunguera en un programa radiofónico, ¡Hijo, he tenido un dayavú¡.
Pero es algo más que esa sensación que los franceses acuñaron y que hoy se carga con connotaciones de hastío de lo conocido y repetido. Es la sensación instantánea, vivida y cierta de que este movimiento, esa bicicleta de colores que pasa delante de nosotros, ese sonido, ese hueco en el estómago que precede al miedo lo hemos vivido ya.
Quizás no sea recordar, sino adelantar, anticipar lo que vamos a vivir, lo que nos depara el futuro inmediato. La paramnesia no es un ejercicio de melancolía ni de saudade, sino una alerta del alma al cuerpo dormido que sale de su letargo con los sentidos listos para nuevas peleas.
Recordar entonces lo ocurrido, o lo que que creemos que nos ocurrió en una lejana mañana de invierno cuando no teníamos hijos, ni mujer ni proyecto, sino una idea general de lo que queríamos de la vida o de lo que le pedíamos a la vida con vehemencia y error.
Recordar y tener esa dicha, ese don que nos es dado y que no valoramos hasta que lo perdemos, primero al olvidar unas fechas irrelevantes, luego unos datos que estudiamos hace años, o los nombres de los conocidos, o los de aquellos a quienes conseguimos poner cara pero ya no el nombre. Hay quien dice que tenemos una capacidad limitada de memoria en nuestro cerebro, y que como un viejo disco duro, a medida que le introducimos datos inútiles o irrelevantes vamos llenando su espacio y reducimos nuestra capacidad de respuesta. Sería cuestión, pues de ir vaciando en la papelera de reciclaje aquello que nos hizo daño, aquello de lo que nos arrepentimos, aquellos momentos en que nosotros mismos reconocemos la mezquindad de nuestra actuación, y así hacer hueco para nuevas entradas, para mayor capacidad de recuerdo y de vida o de revivir aquello que vivimos con ilusión.
Recordar y tal vez más que recordar revivir y preparar el cuerpo para el abismo de un nuevo día con sus calles, sus nubes y sus afanes.
jueves, 18 de febrero de 2010
Neandertahles de ayer hoy
Respirar, alzar la vista y mirara alrededor, subir un peladaño para salir del valle y acarrear mñas aire a los pulmones y sangre al cerebro.
Volver a hacerse la preguntas esenciales, salir de lo cotidiano para pensar con frescura y ver los dilemas diarios con otra perspectiva. Pensar por ejemplo si es posible detectar la cabeza de un neandertahl entre los cientos de cabezas cubiertas de gorros que serpentean en inverno por las montañas de España.
Es impensable que durante cerca de doscientos mil años convivieran Neandertales con Cromagnones en las sierras europeas y que no se cruzaran, que llevaran vidas paralelas o incluso hostiles, pero que no tuvieran esa curiosidad entre especies similares. Tengo para mí que en la cueva de los güixos hubo uno de esos extraños apareamientos. Que de allí surgió una rama de mestizos de primera hora que deambulan todavía por los valles de Aragón y que utilizan una contraseña para reconocerse y no ser reconocidos. Quién sabe si ese movimiento de cabeza de abajo arriba, con una ligera inclinación de cabeza hacia la izquierda con que se saludan en estos valles escondidos los que bien se conocen no es el signo del rastro neandertahlensis en nuestos días. El resto, el cráneo aplastado, los arcos de las cejas prominentes, las extremidades membrudas, se dan por hecho en estos lugares, son una seña de identidad que les recuerda aquella noches de hace cerca de doscientos mil años en que un neandertahl y una cromagnona se sencontraron en la cueva del Güixo y sin saber qué hacer, de qué hablar o por qué pelear decidieron hacer una trampa a la evolución, y perpetuar esa especie desaparecida en la melancolía.
Al lado de estas dudas, que me asaltan al pasar junto a la entrada de la gruta o al cruzarme con alguno de estos herméticos lugareños, es comprensible que los ecos del debate económico de ayer me lleguen amortiguados. La angustia por los mercados, las alegrías por la colocación de una deuda pública española, que como se decía en los 80 en Latinoamérica no es deuda externa, sino eterna, la incapacidad de estar a la altura de los tiempos que nos reclamaba Ortega y Rodríguez probablemente nunca leyó, me son hoy algo más ajenos.
Me llega sin embargo la noticia de que la Gordimer no se va a ir de rositas de La Habana. Después de su paseo por la fortaleza de la Cabaña, notoria prisión ayer y hoy, le envían una carta un grupo de mujeres valientes, que quieren compartir con Gordimer, también mujer y ayer valiente, la triste suerte que paeden quienes se atreven a hablar o discrepar en el país del "hombre nuevo" y también de la mujer, aunque me temo que hasta allí no llegaron nunca mis neandertahles, apurados como estaban en preservar sus contraseñas en elterruño.
Volver a hacerse la preguntas esenciales, salir de lo cotidiano para pensar con frescura y ver los dilemas diarios con otra perspectiva. Pensar por ejemplo si es posible detectar la cabeza de un neandertahl entre los cientos de cabezas cubiertas de gorros que serpentean en inverno por las montañas de España.
Es impensable que durante cerca de doscientos mil años convivieran Neandertales con Cromagnones en las sierras europeas y que no se cruzaran, que llevaran vidas paralelas o incluso hostiles, pero que no tuvieran esa curiosidad entre especies similares. Tengo para mí que en la cueva de los güixos hubo uno de esos extraños apareamientos. Que de allí surgió una rama de mestizos de primera hora que deambulan todavía por los valles de Aragón y que utilizan una contraseña para reconocerse y no ser reconocidos. Quién sabe si ese movimiento de cabeza de abajo arriba, con una ligera inclinación de cabeza hacia la izquierda con que se saludan en estos valles escondidos los que bien se conocen no es el signo del rastro neandertahlensis en nuestos días. El resto, el cráneo aplastado, los arcos de las cejas prominentes, las extremidades membrudas, se dan por hecho en estos lugares, son una seña de identidad que les recuerda aquella noches de hace cerca de doscientos mil años en que un neandertahl y una cromagnona se sencontraron en la cueva del Güixo y sin saber qué hacer, de qué hablar o por qué pelear decidieron hacer una trampa a la evolución, y perpetuar esa especie desaparecida en la melancolía.
Al lado de estas dudas, que me asaltan al pasar junto a la entrada de la gruta o al cruzarme con alguno de estos herméticos lugareños, es comprensible que los ecos del debate económico de ayer me lleguen amortiguados. La angustia por los mercados, las alegrías por la colocación de una deuda pública española, que como se decía en los 80 en Latinoamérica no es deuda externa, sino eterna, la incapacidad de estar a la altura de los tiempos que nos reclamaba Ortega y Rodríguez probablemente nunca leyó, me son hoy algo más ajenos.
Me llega sin embargo la noticia de que la Gordimer no se va a ir de rositas de La Habana. Después de su paseo por la fortaleza de la Cabaña, notoria prisión ayer y hoy, le envían una carta un grupo de mujeres valientes, que quieren compartir con Gordimer, también mujer y ayer valiente, la triste suerte que paeden quienes se atreven a hablar o discrepar en el país del "hombre nuevo" y también de la mujer, aunque me temo que hasta allí no llegaron nunca mis neandertahles, apurados como estaban en preservar sus contraseñas en elterruño.
martes, 16 de febrero de 2010
Ciudades vivas
Pasear, caminar sin rumbo y sin prisa, levantar la vista y observar el pulso de la ciudad, sus edificios, sus transformaciones, sus gentes. Vivir en una ciudad viva.
Y no es sólo una metáfora. Un estudio de la Universidad de Vermont ha encontrado sorprendentes similitudes entre una ciudad y los organismos vivos, ya sean animales o plantas. Una ciudad está atravesada por redes de transporte subterráneo y de superficie, por redes eléctricas, sistemas de agua y alcantarillado, que van de un centro densamente poblado a la periferia ya sea en redes lineales o reticulares. Igualmente el circuito sanguíneo de un ser vivo bombea la sangre por arterias y capilares desde el centro a la periferia del organismo y va diluyendo su fuerza a medida que se aleja del centro.
Esto mismo se da con las plantas, con la savia que recorre tronco, ramas y hojas, que presentan una serie de venas (arterias de la ciudad llamamos a las vías principales)y que forman un retícula como las ciudades densamente pobladas, con su cuadrícula y callejones en la forma de nervaduras de estas venas. Y todo ello constituye un sistema, al igual que las ciudades con los mecanismos para organizar el tráfico y para hacer que la vida llegue a cada punto del organismo o de la ciudad.
Y paseando por esta ciudad viva se aprecian las dentelladas del tiempo, los cambios en su fisonomía, nuevas veredas e interminables obras, pero como ser vivo también anida en la ciudad la muerte. 40.000 comercios han cerrado en las ciudades de España en 2009 según la Confederación Española de Comercio. Comercios que dan vida y comercios que configuraban un mapa de referencias y sentimientos en una ciudad conocida.
40.000 comercios que van a encontrar difícil reemplazo hasta que una nueva ilusión devuelva la confianza y saque nuevos bríos de una sociedad apesadumbrada por la incertidumbre. Sólo un negocio prolifera por las ciudades, abre cuando otros cierran y da vida a calles huérfanas. Las nuevas versiones de las casas de empeño, los "cash converters" y negocios similares reaniman el zoco, compran, venden y nos devuelven a aquellos tiempos de objetos que vivían varias vidas. Conla misma facilidad con que se cierran comercios abren los nuevos negocios y prorrogan la ilusión de una capacidad de consumo que pensábamos ilimitado.
Ciudades vivas que aun aletargadas necesitan la savia para seguir viviendo.
Y no es sólo una metáfora. Un estudio de la Universidad de Vermont ha encontrado sorprendentes similitudes entre una ciudad y los organismos vivos, ya sean animales o plantas. Una ciudad está atravesada por redes de transporte subterráneo y de superficie, por redes eléctricas, sistemas de agua y alcantarillado, que van de un centro densamente poblado a la periferia ya sea en redes lineales o reticulares. Igualmente el circuito sanguíneo de un ser vivo bombea la sangre por arterias y capilares desde el centro a la periferia del organismo y va diluyendo su fuerza a medida que se aleja del centro.
Esto mismo se da con las plantas, con la savia que recorre tronco, ramas y hojas, que presentan una serie de venas (arterias de la ciudad llamamos a las vías principales)y que forman un retícula como las ciudades densamente pobladas, con su cuadrícula y callejones en la forma de nervaduras de estas venas. Y todo ello constituye un sistema, al igual que las ciudades con los mecanismos para organizar el tráfico y para hacer que la vida llegue a cada punto del organismo o de la ciudad.
Y paseando por esta ciudad viva se aprecian las dentelladas del tiempo, los cambios en su fisonomía, nuevas veredas e interminables obras, pero como ser vivo también anida en la ciudad la muerte. 40.000 comercios han cerrado en las ciudades de España en 2009 según la Confederación Española de Comercio. Comercios que dan vida y comercios que configuraban un mapa de referencias y sentimientos en una ciudad conocida.
40.000 comercios que van a encontrar difícil reemplazo hasta que una nueva ilusión devuelva la confianza y saque nuevos bríos de una sociedad apesadumbrada por la incertidumbre. Sólo un negocio prolifera por las ciudades, abre cuando otros cierran y da vida a calles huérfanas. Las nuevas versiones de las casas de empeño, los "cash converters" y negocios similares reaniman el zoco, compran, venden y nos devuelven a aquellos tiempos de objetos que vivían varias vidas. Conla misma facilidad con que se cierran comercios abren los nuevos negocios y prorrogan la ilusión de una capacidad de consumo que pensábamos ilimitado.
Ciudades vivas que aun aletargadas necesitan la savia para seguir viviendo.
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